Una mañana la encontró pensando, con la mirada perdida y las manos inquietas.
Casi en silencio, murmuraba sin aliento.
Acurrucada en la esquina de su habitación, sudaba su alma perfecta.
De a poco se alejaba de su ser y como elevada,
observaba soberbia con su fe altanera.
Mientras él se preguntaba qué pasaba con ella,
ella pensaba, al fin me alejé de él.
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